martes, 23 de noviembre de 2010

Hablando de naturaleza

¿Qué hay más natural que comer unos tomates cosechados en casa? Están de moda los huertos urbanos, pero aunque no lo estuvieran, nos brindan la misma satisfacción que un jardín ornamental y además tienen un plus: los frutos. Por ahora me he centrado en el tomate y la pimienta, además de las plantas aromáticas y flores comestibles. Sí como oís, que quiero poder hacer ensaladas con lo que saque de mi patio, incluídas las flores.

Parece que para la tomatera no es la mejor época, pero como el clima aquí es bastante suave, voy a ver si la engaño. Además, aunque el patio interior es luminoso en esta época no recibe sol de forma directa, cosa que necesitan las tomateras, pero es que mi idea es tener el balcón exterior más bonito que productivo y las tomateras son bastante feas, la verdad. En el caso del patio interior no se me ocurre ninguna forma en la que el "mini invernadero" quede bien, porque es bastante feillo, pero bueno, haré lo que pueda. He pensado colocar una mesa sobre el aparato de aire acondicionado (tal como hicimos con el otro) con unas sillas y colocar algún tipo de barandilla (de poco impacto visual) para poder colocar plantas en el muro y crear una mayor sensación de intimidad (ficticia, por supuesto, ya que se trata de un patio interior). La verdad es que no tengo pensado llevar a cabo ninguna actividad en ese patio, pero no está de más crear un ambiente armonioso, puesto que es lo que veo desde el cuarto de estudio, ¿no? A ver cómo me lo monto :P

Os dejo algunas fotos de huertos urbanos y su versión "mini", es decir, hacerse con unas cuantas plantas aromáticas para la cocina. Es muy fácil y os lo digo yo que se me moría hasta el perejil....



















Las plantas aromáticas, en unas macetas bonitas, colocadas en la ventana, resultan, además de un recurso estético, muy funcionales. La opción de las jardineras verticales, que son un poco caras, me atrae, pero colocando una franja entera desde el techo al suelo o quizá una hilera horizontal.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Un rincón de naturaleza en casa

No sé si os lo he comentado en alguna ocasión, pero me crié en una casita de campo, rodeada de naturaleza, animales y bichos. He de admitir que "los bichos" de campo son distintos... No me asusto si veo una araña entre las sábanas, la aparto (o ya se apartará ella, que suele ser lo más habitual), por mis paredes siempre había algún perenquén  y me despertaban el canto de los pajaritos o los gallos de los vecinos. Con esto quiero dar a entender que no soy especialmente escrupulosa, vamos, ahora que no se me cruce una cucaracha, ¡qué asco!, con ellas no puedo y me imagino que será porque es la única clase de bichos que no había en mi casa.

De pequeña fue genial vivir en una casa con tanto espacio, lugares que explorar, sitios en los que esconderse, pero vas creciendo y comienzas a notar cada vez más inconvenientes: la distancia, la tierra que te hace salir siempre con los zapatos sucios, o peor los pies, la falta de servicios... Estaba deseando vivir en un piso, céntrico, donde pudiera salir de casa y ver gente y tiendas. Y lo he conseguido, la verdad. Eso sí, el precio a pagar es caro: despertarse con las voces de las vecinas cotorras que hablan a gritos, el niño de los vecinos que grita todos los domingos a partir de las 8 de la mañana, el tránsito de los coches, el ruidoso y apestoso camión de la basura, los cláxones, los ruidos de las obras... No hay silencio hasta que llega la noche y lo que nunca hay es oscuridad. 

No me quejo, ojo (bueno de las vecinas cotorras sí, que sólo hace falta un poco de civismo para no molestar a los demás), pero todas las demás incomodidades son ínfimas cuando "salto" a la calle y puedo ir a cualquier sitio caminando. Además, tengo un balcón a la calle desde el que veo el mar y un patio interior (pequeñito) en el que puedo cultivar algunas cosillas. Es gracioso porque nunca me ha interesado la jardinería (si obviamos Las Navidades que le pedí a los Reyes Magos el juego Plantanova), es más mis experiencias con las plantas han sido siempre negativas y nunca había sentido la necesidad de tenerlas en casa. Pero, de un tiempo a esta parte, "necesito verde". 

Me doy cuenta de que tengo un gran problema si quiero dedicarme a esto de la jardinería y es la impaciencia. No sé esperar, siembro sin germinar, transplanto sin el tamaño adecuado y riego antes de que sea necesario. Pero parece ser que es un rasgo común en todas las personas que se inician, por las experiencias que he leído en distintos foros. Otra cosa que he observado es que quienes sienten el gusanillo de la jardinería aprecian más las plantas de forma aislada. Y os explico, hasta ahora cuando veía los balcones abarrotados de flores no me atraían, todo lo contrario, me transmitían una sensación de desorden. Imagino que es difícil organizar una composición floral armoniosa, pero es que a mí la mezcla de colores y texturas me repelía. Ahora en cambio, entiendo el gusto por la variedad, sobretodo porque yo lo busco. Habrá quien consiga un rincón "bonito" a los ojos ajenos, todos los demás nos conformamos con disfrutar del proceso y el resultado singular, aunque el conjunto no resulte atractivo.

No obstante, y asumiendo todas mis limitaciones, que os adelanto son muchas, me he propuesto conseguir un balcón y una terraza interior "bonitas". Desde luego no es un proyecto a corto plazo, pero persistiré e iré compartiendo con vosotros el proceso (que será lento). Lo primero que voy a compartir con vosotros es una condición: quiero que los maceteros mantengan una misma línea en cuanto al diseño (mientras sea posible serán todos iguales) y cromática (blancos). De esa forma, a mí el desorden me parece menor.

Y os dejo con toda una selección de balconcitos, a ver si soy capaz de inspirarme un poco.