Érase una vez, en un país muy muy lejano, unos príncipes modernos que, sin bodorrio previo, buscaron un palacio urbano de tres dormitorios, con garaje para la carroza, por supuesto. Los príncipes estaban muy ilusionados con su nuevo hogar y buscaron una tienda donde adquirir los muebles con los que engalanar el salón y el comedor. Y llegaron a una tienda con nombre de ave donde les ofrecieron varios sofás de piel, a cual más bonito. Finalmente, por 2.600€ (rebajado) se hicieron con un sofá con chaise longe de piel blanca (diciembre de 2009).
Y colorín colo... ¡Ey! Que no, que en este cuento no hay perdices ni finales felices, porque pasaron dos años y tres meses y apareció una arruga en el sofá. Pero en unos cuatro meses, lo que era una arruga se convirtió en una grieta y de repente el sofá pareció empezar a "pelarse". Indignados, acudieron a la tienda para expresar su descontento. La primera pregunta que les hicieron fue: ¿con qué lo habéis limpiado? A la princesa le dio un tic en el ojo y tuvo que morderse el labio y pellizcarse el muslo para no responder: "los sábados con lejía y los domingos con Ajax Pino". Pero cada uno a su papel: los príncipes de clientes y las vendedoras a tirar balones fuera.
Como se ve que los príncipes no eran gilipollas tontos, habían seguido las indicaciones mantenimiento y resultaba inconcebible que un sofá de piel durase sólo dos años y medio (cuando ni hay niños ni animales de por medio), las vendedoras quedaron en dar parte a la casa (agosto de 2012), para comprobar si había habido algún otro problema con la misma partida de piel...
Y pasaron los meses y hubo intercambio de mails y de llamadas: que si ya hemos dado parte, que si "está todo en marcha", que "desde que yo sepa algo te lo notifico". Y entonces llegaron las dudas: ¿será que no es piel? Y los príncipes, almohadón en mano, se fueron de tapicero en tapicero, de tienda en tienda, preguntando a personas con más conocimiento que ellos qué clase de tejido era ése. Cuál fue su sorpresa cuando la respuesta de todos fue la misma: POLIPIEL.

Con cara de tontos se presentaron en la tienda, cojín en mano, para pedir explicaciones de tan inconcebible circunstancia (febrero de 2013) y la dependienta les dijo que no era la única reclamación que tenían, que no hacía falta que sacaran el cojín, que efectivamente eso no era piel y que el fabricante había cerrado, no les cogía el teléfono y se haría cargo la tienda de retapizar el sofá, pidiéndoles el plazo de una semana (parece que ya estaban en contacto con los tapiceros). Los príncipes de nuestra historia respiraron tranquilos.
Llega el día 2 de marzo de 2013 y la princesa recibe una llamada: la Señorita de la tienda de muebles. Que han pedido varios presupuestos, que en las islas no hay ningún tapicero que trabaje bien la piel, que el coste es muy alto, que se nos ha pasado la garantía y que les ofrecen tapizarlo en tela o en polipiel de buena calidad (que se ve que el que ellos compraron, además, era malo). La princesa, que además de princesa resulta ser abogada, le dice a la Señorita de la tienda que: primero, no se trata de un problema de garantía porque no es que la piel haya salido mal, es que NO ES PIEL; segundo, que si no es piel estamos o bien ante un vicio del consentimiento que haría devenir el contrato de compraventa en nulo o ante una estafa; tercero, que si acepta que se lo retapicen en tela estará comprando el sofá de tela más caro de la historia y, como quedó claro anteriormente, no songilipollas tontos, así que lo reconsideren y, en todo caso, le den una respuesta a lo largo de la semana (esta que acaba hoy) para poder ejercer las acciones que considere convenientes. La Señorita de la tienda queda en hablar con su gerente y en llamarla a lo largo de la semana.
¿Cómo termina este cuento? Pues parece que en una demanda.
Ahora en serio: el sofá en menos de un año se ha pelado. Voy a quemar la aspiradora de tantos trozos de plástico de mierda polipiel que recojo. Lo tengo cubierto con una sábana porque, además de que si no no podría ni sentarme, me pongo de un mal humor horrible cuando paso por el salón. Tanto es así que me siento en el suelo.
Esta es una foto de lo que ocurre si uso el sofá, a ver si os parece normal. Y que tengan la cara de decirme que "se me ha pasado la garantía". Qué lástima no haber comprado un sofá de Ikea de 1000€, seguro que estaría como nuevo: como lo está el sofá de piel que compró mi madre.
La verdad es que no voy a pedir que me retapicen el sofá, voy a pedir que me devuelvan el dinero (con intereses, claro), porque le he cogido manía...


Y pasaron los meses y hubo intercambio de mails y de llamadas: que si ya hemos dado parte, que si "está todo en marcha", que "desde que yo sepa algo te lo notifico". Y entonces llegaron las dudas: ¿será que no es piel? Y los príncipes, almohadón en mano, se fueron de tapicero en tapicero, de tienda en tienda, preguntando a personas con más conocimiento que ellos qué clase de tejido era ése. Cuál fue su sorpresa cuando la respuesta de todos fue la misma: POLIPIEL.


Llega el día 2 de marzo de 2013 y la princesa recibe una llamada: la Señorita de la tienda de muebles. Que han pedido varios presupuestos, que en las islas no hay ningún tapicero que trabaje bien la piel, que el coste es muy alto, que se nos ha pasado la garantía y que les ofrecen tapizarlo en tela o en polipiel de buena calidad (que se ve que el que ellos compraron, además, era malo). La princesa, que además de princesa resulta ser abogada, le dice a la Señorita de la tienda que: primero, no se trata de un problema de garantía porque no es que la piel haya salido mal, es que NO ES PIEL; segundo, que si no es piel estamos o bien ante un vicio del consentimiento que haría devenir el contrato de compraventa en nulo o ante una estafa; tercero, que si acepta que se lo retapicen en tela estará comprando el sofá de tela más caro de la historia y, como quedó claro anteriormente, no son
¿Cómo termina este cuento? Pues parece que en una demanda.

Esta es una foto de lo que ocurre si uso el sofá, a ver si os parece normal. Y que tengan la cara de decirme que "se me ha pasado la garantía". Qué lástima no haber comprado un sofá de Ikea de 1000€, seguro que estaría como nuevo: como lo está el sofá de piel que compró mi madre.
La verdad es que no voy a pedir que me retapicen el sofá, voy a pedir que me devuelvan el dinero (con intereses, claro), porque le he cogido manía...